LA PELOTA VASCA

Modalidades de la Pelota Vasca

Pelota a mano

El juego a mano es el modo natural de jugar a pelota, que ha estado siempre presente, subyacente en todos los demás juegos, desde tiempo inmemorial, incluso,
por supuesto, en los tiempos en que la pelota no podía denominarse, todavía, vasca. Ahora bien, cuando la pelota se introduce, casi subrepticiamente, en las prácticas sociales del área vasca, lo hace con la mano enguantada: así es como juegan Perkain y Azantza, Kurrutchet y Simón «el Navarro».

En aquellos tiempos, y en otros anteriores, de inmemorial antiguedad, incluso, a mano descubierta jugaban los pastores en sus “pillota-soroak” de Aralar, de Urbia, de Larhune o de Soule. Luego, en los casi cien años que dura el proceso de adaptación de la pelota, hasta convertirse en un juego netamente vasco, se perfeccionan y modifican las herramientas: se trata en definitiva de salir a la cancha con el arma necesaria para vencer. Se alargan los guantes, se introduce la «chistera» y se halla la divertida innovación del ble.

Y con el ble, que juegan los mozalbetes, casi a escondidas, contra el muro lateral de una iglesia
(o en algún «arkupe» cuando llueve), vuelve a descubrirse la belleza del juego a mano limpia al que elevan de tono jugadores tan renombrados como el
cura Laba o Chiquito de Eibar.

Y mientras los grandes de la herramienta se convierte en rutilantes estrellas de los frontones industriales no ya sólo de Bilbao o Donosti, sino, incluso, de Madrid, Barcelona, Valencia, Buenos Aires, La Habana y México; en las pequeñas e industriosas villas de la Euskal Herria meridional se apasionan por el «ble a mano», donde empiezan a brillar los guipuzcoanos «Chorrocha» y Urcelay y «El Estudiante», de Markina.

Corre el año 1900 y se anuncian partidos a mano en Gernika, Markina, Durango, Eibar y Azpeitia, con resultados variados que galvanizan a una afición que acude en masa a llenar los frontones. Pronto los nombres de Tacolo, Sustarra, Chiquito de Azkoitia, Errotacho, Baltasar, Barbero, Modesto y Romualdo Larrañaga serán tan famosos como los «chisteristas» madrileñizados o argentinizados. De entre todos estos nombres, destacará uno sobre todos: el de José Joaquín Larrañaga, «Chiquito de Azkoitia»


Miguel Gallastegui,
El juego a mano es el modo natural de
jugar a pelota, que ha estado siempre presente, subyacente, en todos los demás juegos desde
tiempo inmemorial.


Retegui II